viernes, 18 de noviembre de 2011

MARÉE.




Antiguo barrio judío, nuevo barrio gay, en realidad sigue siendo lo mismo, pues los judíos ortodoxos, los viejos rabinos, se juntan con los nuevos habitantes del barrio, que abren bares y tiendas que decoran con la bandera de arco iris, la bandera de la libertad para muchos.

No podía ser de otro modo, barrio antiguo de mente abierta y calles serpenteantes. Calles que ayudan a perderse, tanto de forma consciente como inconsciente. Carteles y más carteles anuncian plazas, hoteles, museos y restaurantes. Y en el fondo nada, porque nada esta allí cuando paseas por el viejo barrio del Marée, porque mientras pateas las viejas piedras del suelo centenario poco o nada importa quien lo habite, o quien tenga allí su negocio o su vida.

Porque eso es así, lo más importante del barrio no es si es más de los judíos, o más de los gays, lo importante de este barrio es andarlo, pensarlo mientras te encuentras en él, y soñarlo cuando lo tienes lejos, pues es un barrio de muchos y de nadie, porque es un barrio que cuando lo visitas, solo pertenece a una persona. A ti.



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