sábado, 17 de diciembre de 2011

NOËL.



Un año, más o uno menos depende de como se mire, como todo, frío, aire y decoración navideña, este año me pilló la fecha en París, si la ciudad es ya curiosa de normal, más lo es en estas fechas. Navidad, dulce, navidad, y salada y ácida en muchas ocasiones, no todo el monte es orégano y no toda la navidad son villancicos y comilonas de marqués.

Se acerca el fin del año, fin de recuerdos, que comienzan a recordarse más que a pensarse, fin de tantas histerias y sonrisas, un año más o uno menos de nuevo reflexión, en el fondo poco importa eso, es tiempo, y el tiempo todo lo cura, hasta los años.

Un día, más bien pronto que tarde, nos daremos cuenta de lo estúpido de la juventud y de lo enervante de la madurez, de las tradiciones ancestrales que no lo son tanto, y de que nos juntamos a la mesa para celebrar un rito pagano unos, y otros, las nuevas generaciones, acabarán pensando que cada veinticinco de diciembre se celebra el nacimiento de Papa Noel, tiempo al tiempo. Joyeux Noël.

NOTRE DAME.



Ni tan joven, ni tan vieja, la catedral de la Isla de la Ciudad, la catedral del resto de la ciudad, la catedral de los parisinos y de los que se fotografían en su interior, en su exterior, en su lado derecho y en su lado izquierdo, de los que paseamos a su alrededor pensando en la novela de Hugo, en su fantasiosa mente, en su fantástica pluma.

Imaginando los antiguos carruajes por sus cercanías, mientras los canteros se afanaban en la isla, para dar esbeltez y elegancia a sus paredes, a sus arbotantes, a sus pináculos y calar bien su aguja, para concretar las medidas, para llevar a cabo la construcción de sus vidrieras, las esculturas de sus puertas, sus pétreos cimientos.

Paseo a tu alrededor y pienso en eso, en la gente que trabajó allí durante toda su vida, con ilusión, porque además de ser un trabajo, no se debería nunca olvidar su labor de fe, nadie hacía o colaboraba en hacer una catedral si no era por fe, por estar más cerca de lo que los poderosos que costeaban las obras, llamaban el creador. Hoy te miro y miro enrrededor, donde los turistas te fotografían, simplemente sin sacarte el jugo, sin contemplar tu historia.

jueves, 15 de diciembre de 2011

ABETOS.



Es época de ello, su época, más del estilo anglosajón que francés, más norte americana que europea, pero es su época, eso nadie lo discute, y como tal aquí están, alfombrando cada esquina de París, cada edificio y cada terraza de las braserias y de los cafés, nadie o casi nadie, ha dejado la oportunidad pasar, hombres, mujeres, jóvenes y menos jóvenes, portan su abeto.

Digo que las calles de París, están llenos de ellos, empaquetados, preparados para su decoración en las casas cercanas, con la chimenea encendida y los niños correteando a su alrededor, dejando todo manga por hombro y haciendo ardua la simple labor de decorar un arbusto.

Llegará el fin de las fiestas, el fin de las vacaciones, y esos abetos que hoy todos se pegan por tener en su casa, el más grande o el más bonito, sobraran en su salón, o en su negocio, y de nuevo, pero esta vez de una forma mucho más peregrina, menos elegante, volverán a alfombrar las esquinas de la ciudad, pero esta vez, lo harán en las esquinas donde estén los contenedores.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

METROPOLITANO.



Como en todas las ciudades, como en todas las estaciones centrales, como en todos los nidos de turistas y carteristas, que suelen ir siempre bien unidos, como en todos los cruces de caminos donde hay algo que rascar, como todo, simplemente como todo. Todas esas centrales de movimiento y maletas son iguales, en cada país, he visto muchas, quizás demasiadas, pues son un pequeño trozo de infierno, paso raudo por ellas, deseando respirar el aire fresco y contaminado de la ciudad.

Metropolitano y cercanías a su paso por Châtelet, caos suburbano y personal, puestos de fruta, repartidores de periódicos, músicos trotamundos, y gente pidiendo sentados en el suelo que esta en medio de los angostos cruces de pasillos.

Eso y nada más que eso, eso es el metropolitano de esta ciudad, de cualquier ciudad, la parte más misera de la zona más miserable de la ciudad más miserable, se vería perfectamente reflejado, como en un espejo en estos pasillos, en estos sitios, en estas personas, en estas situaciones.

martes, 13 de diciembre de 2011

PUENTES.



No se realmente ni los que suman, a veces los he intentado contar y me salen más de una veintena, otras veces, mientras sueño la ciudad me salen centenares, miles, y en cada uno hay un tipo vendiendo versos y sonetos, cuadros, y regalando miradas profundas llenas de inteligencia y vivacidad, llenas de horror por la incultura suicidada y de vertiente económica y anti social que se ve en los periódicos, en cada una de las portadas, que se venden a la entrada de otro puente, donde un hombre de mirada turbia y visera verde se enciende una pipa con olor a tabaco dulce.

Los hay de todos los tipos y estilos, metal, piedra, madera, vidrio, de todas las épocas, y con todo tipo de decoración, con candados de amor y con llantos de desesperanza, con dolor y querer, con sueños y pesadillas.

Los hay solo para los turistas, y los hay solo para los enamorados, los hay furtivos y fugitivos, pero también los hay fieles y risueños, como la amante que espera algún día subir de graduación y no tener que besarse entre tinieblas y oscuridades, temiendo una mano acusadora. En fin, los hay para todos y todas, y no hay nada mejor, nada más obvio y triste a la vez que saltar el pretil del Pont Neuf, y sentarse con los pies sobre el Sena viendo amanecer con Notre Dame al fondo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

SILENCIO.



Es el silencio más duro que existe, el que se apodera de tu cabeza, de tus neuronas, de tu intelecto. Tú, que estas rodeado de gente, de barullo, de coches y de salvamundos que pregonan voz en grito que el final esta cerca y debes buscar la salvación. En fin, una plaza más del centro del viejo París. De repente todo para, el tiovivo te atrapa y sales a la superficie, dejas de oír todo, dejas de sentir y solo miras.

Ese silencio se apodera de ti, de tu aura y de tu memoria, solo buscas sentarte y observar, observar y recordar, pues para eso sirve observar para recordar lo que ya se observó, es la pescadilla que se muerde la cola, el dragón encerrado en si mismo por la eternidad, el ouroboros que dirían algunos.

De repente el silencio te desatrapa, te golpea en la cara como si fuera una bofetada, un golpe de efecto y de efectividad que te despierta, y te saca por la fuerza de ese magnifico y necesario silencio interior, mientras tu cuerpo se manifiesta físico en medio del caos, ese es nuestro silencio, el de nuestro intelecto, ese el silencio sufrido en algunas plazas especiales del mundo, esta es mi plaza de París.

VICENNES.



Como si te fueras a otro lugar, a otro mundo, a otra ciudad, siguiendo en la misma linea de metro, en la misma dirección, en el mismo color, color que une a las personas y a sus lugares frecuentes, pues en el fondo solo eso es una linea de metro, colores que unen sentimientos y necesidades.

Castillo de San Luis, castillo de Vicennes, hoy ocupado por fotos de bodas y grupos de turistas, a veces también como es el caso, por tres españoles soñadores y trovadores de futuros mejores y más responsables, que el presente responsable y sufrido, del euro para hoy y sed para mañana. Jóvenes, que se ven de repente buscando el sol junto a su antigua atalaya, riendo y tomando viandas de oferta.

Regalos de la historia, para la gente de hoy, regalo de la cantería y la madera, que durante tantos años han permanecido allí, al sol, al agua, al frío y a las bombas, solo para que un día de diciembre un grupo de tres españoles puedan juntarse allí a disfrutar de su risa.

sábado, 10 de diciembre de 2011

RECUERDOS.



Como las flores en primavera o los hongos en otoño, como las primeras lluvias traen viejos recuerdos, o como ciertos olores o sensaciones te recuerdan a una persona, sin saber muy bien ni el como, ni el porqué. Así es como aparecen estos recuerdos a lo largo y ancho de toda la ciudad, recuerdos en forma de placa conmemorativa, con unos nombres y una fecha.

La mayor parte, caídos por Francia, otros deportados, la mayor parte de ellos, asesinados a sangre fría, asaltados y muertos por un tiro mal descerrajado, o fusilados por defender sus casas, guerra al fin y al cabo.

Todos los barrios, me atrevería a decir, que casi todas las calles de la ciudad del Sena, cuenta con una de estas placas, con uno de estos homenajes, con uno de estos recuerdos, a los que algún día, lejano o cercano tuvieron sus más y sus menos con la historia. Aquí al menos los recuerdan.

viernes, 9 de diciembre de 2011

PIRAMIDE.



Como si estuvieses de repente en el antiguo Egipto, sin estarlo, sin pensarlo, pues a pesar de ser eso, es todo lo contrario, cristal por cristal, seiscientos sesenta y seis cristales en forma de rombo, para formar la cristalera de cuatro lados más fotografiada de la humanidad.

Fotografiada por fuera, desde dentro, desde abajo y desde arriba, más incluso que algunas obras de arte, pues ella, tan frágil y tan moderna, solo es la entrada de un museo, de una cuna cultural de la humanidad, nada más, y tanto.

Obra de arte en si misma, o degeneración del Palacio, cicatriz en la cara de París, y aportación extra para el turismo, ni contigo, ni sin ti, y por supuesto ni todo lo contrario. Ciudad de contrastes personales y sobre todo arquitectónicos, grandes cicatrices en una cara ya vieja y dolorida.

jueves, 8 de diciembre de 2011

CHOCOLATE.



Más belga que francés, más del norte que del sur, pero en fin lo mismo, entre hermanos se dan la mano, mismo idioma, misma gastronómica y mismo chocolate, misma afición, mismo vicio chocolatero, decenas, cientos de locales llevan el cartel, de chocolate belga, chocolate francés, como si fuera una competición, una búsqueda del incansable cliente, del incansable goloso que pasea por las aceras.

De todos los tipos y sabores, cientos de colores y miles de formas, con imágenes, con patina traslucida pero brillante, con denominación y garantía de calidad, en caja de cartón y de metal, rellenos y vacíos, dependiendo del gusto y del gasto.

Paraíso terrenal envuelto en cacao y azúcar, con grandes recordatorios históricos y arquitectónicos, en estos días se triplican las ventas y la producción, una dulce producción, una arquitectura de chocolate, una efímera arquitectura de cacao.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

MOULIN ROUGE.



El clásico de los clásicos, en medio de una ciudad llena de clásicos, algunos ya desclasificados, como las tiendas de absenta y los bailes en los parques los fines de semana. Otros descafeinados, como este Molino Rojo, que en otra época fue lo que todos pensamos que sigue siendo, pero nada más lejano de la realidad.

Nido de turistas y curiosos, los cancanees se han cambiado por cámaras fotográficas y largas colas de cientos de personas con entrada impresa en escaner láser y cien euros de propina, el café del rojo, ahora es una discoteca de moda, donde simiosos porteros, prohíben la entrada por no ser lo suficientemente cool, o lo suficientemente descerebrado para participar en esa deshonra.

Si Monet, si Degas o Tolouse-Lautrec levantaran la cabeza y lo vieran, como lo he visto yo hoy, como lo han visto tantas personas en los últimos años, simple y llanamente prostituido, simple y llanamente explotado hasta la saciedad, se morirían de nuevo, pero seguro que se llevarían a más de uno con ellos, no harían prisioneros.


martes, 6 de diciembre de 2011

PASEOS.


Hay sitios, lugares que lo aconsejan, incluso que acompañan y ayudan a ello, eso ocurre cerca de las avenidas principales, pero sobre todo en las pequeñas calles cercanas a esas grandes avenidas, calles estrechas, de los viejos barrios, pero con nueva gente. Parejas, tipos y tipas solos, con las manos en los bolsos y la mente en las nubes, grupos de excursionistas, o familias completas, paseando sus cuerpos por las nítidas y confortables calles.

Observando, contemplando y asumiendo las paredes, las calles, los coches, las personas que te encuentras de frente y a la espalda. Sus ojos, sus cabellos, sobre todo sus miradas, asumiéndolas como propias, pues en el fondo lo son, como lo son las tuyas, para las personas que se cruzan en tu camino. De eso trata, en eso consiste en caminar, en eso consiste la vida.

Paseos, por costumbre o por necesidad, paseos, que por necesidad se acaban convirtiendo en costumbre necesaria del día a día. El aire contaminado del centro de la ciudad, se acaba volviendo irrespirableménte necesario, y los paseantes aún sabiéndolo se echan a la calle, a la plaza y a los cafés, como si todo lo que supieran o les contasen matara el dióxido, matara el futuro.

lunes, 5 de diciembre de 2011

ENSOÑACIONES.



Como sueños de una noche de invierno, pensamientos de una tarde otoñal de te caliente y pies fríos, como el sueño de un hombre despierto, soñando con una realidad dormida. Como el canto de los cisnes a la última hora del día, como el grito sordo y a veces mudo de las personas incomprendidas, que solo comprenden a quien les ama.

Plaza de colores y para colores, solo para ver, sonreír e imaginar, solo para disfrutar soñando despierto, para disfrutar de la realidad dormida a las puertas del cielo, a las puertas del purgatorio y en el salón del infierno, ese infierno terrenal de la ciudad de voz dormida, y que de pronto, en una plaza cercana al centro Pompidou se levanta en forma de utensilios increíbles y coloridos.

Rodeado de aspiraciones y de aspirantes, que a veces, expiran más que aspiran, porque van más rápido de lo que piensan, porque piensan más lento de los que hablan, porque no ven más allá, de los tristes edificios que rodean los libres y verdaderos colores, y las verdaderas formas serpenteántes en forma de fuente, en forma de sueño ensoñado.

domingo, 4 de diciembre de 2011

POSTUMA DESOLACIÓN.




Desolación, falsa modestia, tirantez de tez sonriente, y flaqueza de lagrimas oscuras en cuencas vacías de bronce y carne. Dolor póstumo y versos de tornillo, en la aurora boreal de la eternidad artística, en la oposición a la posición opuesta, en el centro del núcleo, en el extrarradio de la periféria, así, con simples palabras se puede representar una imagen, una escena de dolor novecentesco.

Museo pequeño de parcas paredes y amplio jardín, con pensadores y poetas y héroes y cainitas, expuestos como en una tienda donde todo vale, donde todo se acumula junto al camino de chinarro blanquecino y boca abierta. Imágenes nuevas de póstumos personajes, muertos y resucitados por la mano muerta de Rodín.

Su museo, su casa, la casa de su amante y de sus miles de amantes póstumos también, que hoy la recorren con precisión y cuidado, como si realmente la conocieran, como si realmente hubiesen estado allí antes, en otro tiempo, en otra vida. Póstumos como póstumos suelen ser los reconocimientos de los que merecen ser reconocidos en vida.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ELLOS.



Paseando por la ciudad, como pasean las personas en este otoño invierno, jugando a pisar hojas muertas, hojas que alfombran la ciudad de las mil y una historias. La jungla parece un jardín desarbolado. La calle fría, desgarradoramente sucia y gris, como si la jungla dejára de ser jardín y se reconvirtiera en invierno muerto prematuramente y primavera que no llega.

Personas, decenas, cientos, lo hacen así, en la ciudad del amor, de los sueños y de las avenidas tan grandes como ricas y quejumbrosas, también están ellos, allí, donde nadie mira, donde los objetivos de las cámaras turísticas y televisivas no enfocan por si se enteran de que están allí. A ellos, las personas sin más durante sus navideños paseos los tapan con la bolsa de la tienda más cara, pero ellos siguen allí, olvidados pero de carne y hueso, de sustancia ígnea y alma.

Su casa, su vida, sus sueños, la de ellos, aparecen depositados sobre alguna de las rejillas de salida de humos del metro, que engañan con su sucio calor, allí instalan su vida, mientras los demás lloramos porque nuestro coche no tiene estrella en el morro, o porque el whisky que nos llevamos a nuestro morro, no es de la marca que bebe la chica de la revista. Ellos mientras tanto vagan por caminos sin promesas y su desidia es una realidad común.

viernes, 2 de diciembre de 2011

BRASSENS.



Música, poesía, espectáculo simple y letra esponjosamente elocuente y risueña, y la libertad de componer y representar, para los que algún día soñamos con verlo encima del escenario del Olympia. Fallecido en persona, no en espíritu, ni en psicología, ni el música, ni letra gracia a otros grandes, primero fue La Mandragora, y hoy el ibérico Javier Krahe.

Nuevo héroe francés, o eso se supone que quieren hacerlo, junto a Camus y otros más desheredados de esta tierra, tan suya como nuestra, como vuestra, y de ellos. Algunos lo llevarían a los altares, otros al infierno más próximo, pero el debíera y elegiría lo que más le gustaba, su café y sus amigos, músicos, intelectuales y la más simple e importante del mundo, la sonrisa y el humor.

Hoy lo puedes ver, o más bien a sus segundos, a sus próximos representantes y algún día nuevos entusiastas y desmadejados seguidores que hoy no le conocen, sino fuera porque su instituto de música, lleva el nombre de un señor gordito y con bigote, él, un francés férreo, de principios rudos y cercanos a la libertad, principios estos, que a veces le sirvió para tener problemas políticos y muchos seguidores que darían la salud por él y sus canciones.

jueves, 1 de diciembre de 2011

POMPIDOU.




Museo de arte moderno para unos, para otros de arte contemporáneo. Museo de arte conceptual y rebosante de insensatez otras, y siempre rebosante de turistas, turistas de boca abierta, mirada perdida buscando sentido a lo que no lo tiene, turista de frase repetitiva de hacendado infantil risueño.

Plaza de las culturas, más en su exterior que en su interior. Micro cuesta de pequeñas piedras donde todos se sientan, donde todos nos sentamos, una costumbre al menos anual, no perteneces a esta ciudad si nunca has comido allí, mirando la fachada modernista, con la cara del jefe y el tubo marciano o lunático tragándose a los visitantes, sin llenarse nunca, sin hartarse, sin tan siquiera quejarse.

Pintores de dibujos caricaturizados, portadores de mágicos masajes, mimos, magos, músicos y faquires, en esta ciudad solo trabaja el que no sabe hacer otra cosa. Bebedores compulsivos de absenta prohibída y sustituída por Pastis de similar sabor, pero disminuida fortaleza, pasean entre las tiendas de postales, mirando con recelo de perro viejo. Una jungla urbana donde no hay árboles, porque no son necesarios, porque hay momentos en la vida y en la ciudad, donde puedes imaginar estar en otro sitio, sin que se parezca a lo que te rodea, pues lo importante no es la situación, sino la mentalidad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

CONTRASTES.



Contrastes como los de tu cielo azulrosado, rosazul, empedrado, anunciando lluvia inminente o pasajera. Contrastes de las personas que te contemplan desde lo alto de una de sus colinas. Contraste por supuesto en tus formas, rígidas y fuertes a veces, delicadas y sinuosas otras. Grandes bloques blancos, con decenas de ventanas donde hay vida, y a su lado, un mastodóntico edificio de cristal oscuro, que tan solo alberga en su interior peces gordos y papeles, lugares como estos, que te matan a ti, París, porque ni siquiera te miran.

Contrastes entre las tiendas de regalos, coloridas, alicatadas de imanes y postales y los chicos inmigrantes que te venden colores en forma de torres, mientras regatean tras tuyo, bajando las escaleras hacía el mundo real, hacía ese infierno urbano o más bien urbanicida, donde se aprecia más y mejor el contraste entre el París de ensueño y el de pesadilla, donde se cambian los sueños y las sonrisas por los claxons y el humo polucionado, bruma impermeable de dióxido, que poco a poco te va asfaltando por dentro.

Contrastes, antetrastes, cabetrastes o paratrastes, a veces poco o nada importa la preposición elegida para la exclamación de la vista, de las pupilas que observan lo que París, les ofrece o creen que ofrece. Ciudad metafórica yuxtapuesta en este mundo de comida preparada y amores caducos de chicha y pomelo, que se escurre de tu cabeza, de tus labios, como se escapa el agua de un cesto de mimbre.

martes, 29 de noviembre de 2011

ÉTOILE.



Allí, donde se juntan los caminos, las calles en forma de estrella, rematada por un arco tan grande como el tráfico que lo rodea, arco creado a base de piedra, sangre, hueso, pólvora y metralla, arco del triunfo que siempre lo es de derrota para otros, o para todos, porque al final el triunfo solo dura un minuto, luego viene el tiempo de las lamentaciones y de las venganzas, el tiempo de lamerse las cicatrices y taparse los mordiscos, por vergüenza o por ira.

Allí, centro neurálgico de embajadas, bancos y carreras ciclistas, donde se elevan tiendas de lujo y diseño y donde tan solo hace un siglo, quizás menos, podías encontrar un campesino, con bueyes y trillo, bocadillo de queso casero y bota de vino, de Bourdeos en vez de Jumilla, pero tinto al fin y al cabo, entre sus campos, esos campos Elíseos, que ahora no recuerdan lo que son, ni de donde vienen, gran pecado de la nueva sociedad.

Estrella y monumento a los que dieron su alma por Francia, pero que en realidad es solo una extremidad más de su pequeño emperador, que necesitaba todo grande, desde el ego a las construcciones por no ser capaz de comprender que lo mejor de una ciudad, lo que se recuerda, lo que se piensa con el paso de los siglos, no se encuentra entre ruinas de sangrientos enfrentamientos, sino en unos ojos grandes y claros, o en un pelo oscuro y rizado, en un suspiro o en en una charla de café amargo y labios carnosos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

SACRÉ COUER.



Cuando llegas por primera vez a una ciudad, y por primera vez sobre vuelas su cielo, y por primera vez pisas sus calles. Hay una sensación primera que no olvidaras nunca. No se irá, y por mucho tiempo que pases sin volver por ese lugar, siempre recordarás esa primera vez, esa primera sensación, esa primera mirada.

Ese día, ese primer momento, esa, mi primera vez en esta ciudad, busque donde buscan todos los que sienten algo cuando oyen música, cuando ven un cuadro o leen un papel escrito en prosa o en verso, busque mi otro yo en Montmartre y te encontré a ti. Basílica blanca sobre fondo azul, a lo alto de una verde colina de árboles y gente sonriendo, ojos claros tras grandes gafas y neuronas funcionales, arrogantes y creativas que viven tras el pelo cortado a lo garçon, o las viejas boinas de tela.

Eche de menos durante un tiempo la vieja silueta del barrio, recortándose en la escena parisina, sus formas sinuosas, bulbosas, que en días de niebla me hacen pensar que estoy en otros países, lugares lejanos, ciudades eslavas o alemanas del este, poblaciones donde se hablan dialectos ininteligibles y donde la historia es presente más que pasada.

Te pienso y te sonrio mientras paseo por tus calles, oyendo las conversaciones en tus cafés, oliendo el óleo recién desentubado esparciéndose por la tela dura y áspera del lienzo. Oyendo como se escapa por una ventana mal cerrada la banda sonora de Amelie Poulain. Viéndome parado y embobado mirando a los cristales, esperando un poco, como escondido tras un puesto de fruta, por si se asoma y me mira, te mira desde allí, la Amelie de mi, de tu vida.

domingo, 27 de noviembre de 2011

LUTECIA.



Donde acaba la cuesta, allí donde se alza el minarete de la gran mezquita, donde las tiendas de antigüedades se dan la mano con tiendas de alcohol y epíceries de las de toda la vida, con dependiente argelino o tunecino, de mostacho oscuro y guardapolvos gris. Donde una escalera con flores te deslumbra y te hace perder la orientación, y donde por mirar a la parisina de ojos grandes y piernas estilizadas que se cruza en tu camino, te pasas la puerta de entrada.

Allí como si de la nada creciese, como si de repente surgiera porque le toca, o por que alguien quiere que le toque. Allí, donde hace unos cuantos años, en la nueva restauración de la zona urbana aparecieron estas ruinas, ruinas pétreas, de los primeros siglos, nuevas ruinas de la antigua Lutecia, antiguas piedras en medio del nuevo París.

Aparece a tu paso, lo llaman simplemente arenas, pero es todo un circo, un pequeño coliseo, donde lucharon los gladiadores, donde hubo fieras y batallas náuticas, y donde los días de estío se representaban obras de teatro y comedias. No me es difícil imaginar a esos irreductibles galos de Uderzo, asomando su casco alado entre el graderío.


sábado, 26 de noviembre de 2011

NAPOLEÓN.




Por muchos años que pasen, por muchos ojos que te recorran, por muchas guerras y batallas que pasen, nadie te olvida, de eso se encargan tus paisanos, de eso se encargan los libros y los tratados, las pinturas, las mismas que tú te encargaste de que estuvieran siempre allí, que te hicieran inmortal, que todos te temieran a pesar de que ya seas polvo.

Hasta tu tumba es majestuosa, a pesar de haber caído en desgracia antes de la muerte. A pesar de ser un estratega un tanto errático al final, a pesar de haber alimentado tantos enemigos, sobretodo en tu Francia de emperador auto coronado.

Piedra roja y fría, como la sangre que se derramó por ti y contra ti en tantos campos de batalla, ni acercarse a ella te dejan, parece como si aún tus Corsos, de coletas y pendientes de oro te protegieran como si les fuera la vida en ello, como si el destino de su vida y de su país se fuera en intentar y conseguir que nadie se acerque a tu tumba, a la de su emperador.


viernes, 25 de noviembre de 2011

CRONOPIO PARISINO.



No lo sabía, juro que no lo sabia, por lo menos creía no saberlo, pero algo en mi interior si lo sabia, o se lo esperaba, se lo olía. Un día, tras pasear por el Monte Parnaso de París, hoy llamado Montparnase. Lo vi, esa puerta, una puerta pequeña, puerta pétrea, puerta de la sorpresa, que daba entrada a un cementerio. Un cementerio que me llamaba, sin saber porque, me llamaba. Entre, en la mano un libro, tapa negra, y en su portada una sola palabra, mágica, única e inolvidable: Rayuela.

Julio Cortázar, si, su obra maestra, que transcurre, que se vive, se sueña y se odia en París, ese París de los años cincuenta. Ese París de los cafés, del ajenjo o del absenta, del coñac, del mate, de las tertulias literarias y artísticas, de los artistas cojitrancos de mala catadura y peor jaéz. Ese París, esa ciudad de lluvia, bruma y Maga, donde todos somos un Oliveira buscando la felicidad en forma de cronopio, en forma de Maga o de novela endecasílaba, vista y entendida de salto en salto, de capítulo en capítulo.

Ese mismo libro llevaba en mi mano derecha y de repente, sin saberlo, pero habiéndolo sabido siempre, de forma inconsciente e inconfesable, allí lo encontré. Frente a mi, bajo mis pies, o realmente, yo a los suyos, es lo que tiene estar ante un genio, aunque este muerto desde hace mucho. Allí, la blanca tumba. Una tumba que ya no era solo suya, sino que era de la humanidad, de la humanidad que busca los cronopios escondidos allá donde pisó Cortázar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

GÁRGOLAS.



Sumidas en la más espesa iluminación, así pasan el día y la noche, porque desde las alturas, la noche nunca es oscura y mucho menos lo es la noche parisina. Amigas intimas del jorobado creado por Victor Hugo, vigías infatigables de la plaza y de la Isla de la Ciudad. Almas de piedra decimonónicas, pues eso son. No son medievales como muchos creen, son creación de Viollec le Duc, francés y supuesto visionario de mirada perdida y turbia mentalidad.

Lo ven todo y todo lo oyen, pero todo lo callan. Todo lo entienden porque todo lo saben, son muchos años allí, en lo alto. Mientras reposan del paso fatigante de los siglos y del azote raudo del agua y del sol. Y esquivan las picaras, a veces y a veces creídas miradas del turista y del foráneo, que se sube allí, para poder entender su ciudad, con un simple golpe de vista.

Esa tranquilidad, ese sosiego, esa buena y rotunda presencia, la cual te hace confiarte y sentirte a gusto en un lugar demasiado pequeño, demasiado estrecho, demasiado alejado del suelo, para serlo. Esa es la reacción particular de verlas allí, como un collage sobre el fondo de la ciudad, ese grupo de cemento, metal, cristal, de carne y hueso que se apelotona en la distancia, a la vez tan cerca y tan lejos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

SENA.



No es tan difícil supuse, o no debiera serlo. Tú, estas aquí siempre, desde hace mucho y supongo lo estarás durante otro tanto. Tanto que ni yo, ni mis próximas generaciones te terminarán de ver, de disfrutar, de entender. No dejarán de tenerte cuando van y vienen, como tú que a veces subes y otras simplemente bajas, dependiendo del humor, de la esperanza, del sentimiento del que te contempla embobado, como si contemplara a su amante dormida junto a su cuerpo.

No es tan difícil respetarte a ti, a tu ribera, a tu agua y a tu naturaleza. Pero no, ellos tan ególatras, te tratan como si no importaras, como si solo formases parte del paisaje, como si solo fueses parte del atrezzo de esta gran obra de teatro que es la vida. La vida que nosotros creamos para que sea nuestro teatro particular, no de la otra vida, la de verdad, la que sigue su curso sin inmutarse, como tú sigues el tuyo.

Al final te miro desde el puente del Gran Palacio, me miras, juntamos nuestros ojos, jugando al cíclope. Junto a mi, también te mira la estatua del puente la de siempre, pero tú no la prestas atención y solo tú y yo existimos, y solo tú y yo somos inmortales en ese momento. Y desde lo lejos nos contempla la torre Eiffel, envidiosa de tu natural belleza.



martes, 22 de noviembre de 2011

DÉFENSE.



París es una metáfora de ciudad. No más de lo que lo es Lisboa o Buenos Aires. Pero si es una metáfora más cercana al espejismo que a la propia acepción metafórica del juego de palabras y sueños. Más cercana del sueño del hombre fascinado que de la fascinación propia del hombre soñador, o condenado a serlo. Más cercana a la ilusión de los rascacielos neoyorquinos que al infierno terrenal visto e imaginado total y ciertamente por Dante.

Allá a lo lejos, donde se esconde el sol cada día como si lo tuviera por costumbre, allí pasados los Campos Elíseos y la estrella del arco triunfante, más lejos de donde llegan los sueños y más cerca de lo que muere el metropolitano, a media distancia de los edificios de cristal con miles de papeles y sin sueños y de los campos verdes y vivos.

Allí donde se juntan los caminos y donde se separan los sentimientos, allí te levantas impertérrita, fría e impasible Explanada de la Defensa.

lunes, 21 de noviembre de 2011

LIBRERÍAS.



Aparecen como si nada, salen de repente, en cada esquina de la nueva París, en cada plaza de la vieja Lutecia, a la hora que se empieza a esconder el sol, a la hora en que los amantes de la literatura, de los libros y de los poemas salimos a la calle. Sera porque por la noche somos más nosotros, somos más ellos, somos más lo que queremos ser y no podemos, o somos más lo que podemos ser y no queremos.

Muchos dicen que solo amamos los libros. Pues si, pero no solo, antes va la familia, los amigos, la musa y tú, querido lector, después solo los libros, los viejos antes que los nuevos. Algunos no nos entienden, ni a nosotros por leerlos, ni a ti por guardarlos, darles cobijo mientras nosotros vamos recolectándolos para nuestra colección y para nuestra controversia interior y exterior, para nuestra mente y nuestro alma.

Porque no nos hace falta más que lo básico, la familia, los amigos, la musa y tú, querido lector, y luego los libros y las librerías. Nada de coches caros y mansiones principescas, nada. Porque nada de eso nos lleva a vivir grandes aventuras, nada de eso nos enseña a pensar y a sentir como personajes de hace siglos, y porque nadie da tanto por tan poco, nos dan una vida nueva y distinta cada vez, solo por leerlos, por acariciarlos, por alinearlos en una estantería de madera con efecto óptico tras sacarles el jugo.


domingo, 20 de noviembre de 2011

PÈRE LACHAISE.



Pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, pequeño lugar tranquilo rodeado del más caótico de los caos, calles lapidarias, frías, color gris y verde. Cuestas, escaleras, música del viento entre los árboles altos, entre los arbustos bajos.

Un cementerio como tal, un tal cementerio, el más famoso, tal vez, no lo se, tampoco me importa mucho, lo importante de los cementerios no es su capacidad, su fondo, su anchura o la altura de sus paredes, lo importante de los cementerios es lo que hay en ellos, o quien están allí, de vacaciones postrimeras incesantes. En este importa mucha gente, Balzac, Oscar Wilde, Modigliani y un gran etcétera.

Un cementerio de artistas, un cementerio literario, una calle donde vale más la pena los que están muertos, que los que toman café y hablan de banalidades en los cafés. Solo un fallo, falta Cortázar, que esta cerca y tan lejos allá en el Monte Parnaso, justo a la otra punta de París.


sábado, 19 de noviembre de 2011

CAFÉ.



Huele a ti, y de repente te deseo. Maldito. Te deseo como se desea a un amante que se sabe no se puede tener, y tras pensarlo, sopesarlo y tras decirme, engañándome a mi mismo. No, hoy no caigo, hoy no caigo en tu red, en tus cantos de sirena.

Pero tú, Circe desalmada, hija de Perseis. Tú, me llamas con tu olor y me haces perder el norte y entrar en unos de esos cafés que nacen como hongos tras varios días de lluvia. Da igual que este cerca de la Plaza de la Bastilla, o junto al canal de Saint-Martin, tu me haces pensarte solo con olerte y necesitarte en mi boca, solo con ver como acaricias los labios de otro.

Suerte que vivo donde vivo, y que tengo lo que tengo y tarde o temprano, cierto es que más temprano que tarde, entro en una de esas expendidurias de felicidad, y una chica joven, con sonrisa eterna y pelo azabache, te sirve, y de pronto dejo de ser un adicto para ser un catador.


viernes, 18 de noviembre de 2011

MARÉE.




Antiguo barrio judío, nuevo barrio gay, en realidad sigue siendo lo mismo, pues los judíos ortodoxos, los viejos rabinos, se juntan con los nuevos habitantes del barrio, que abren bares y tiendas que decoran con la bandera de arco iris, la bandera de la libertad para muchos.

No podía ser de otro modo, barrio antiguo de mente abierta y calles serpenteantes. Calles que ayudan a perderse, tanto de forma consciente como inconsciente. Carteles y más carteles anuncian plazas, hoteles, museos y restaurantes. Y en el fondo nada, porque nada esta allí cuando paseas por el viejo barrio del Marée, porque mientras pateas las viejas piedras del suelo centenario poco o nada importa quien lo habite, o quien tenga allí su negocio o su vida.

Porque eso es así, lo más importante del barrio no es si es más de los judíos, o más de los gays, lo importante de este barrio es andarlo, pensarlo mientras te encuentras en él, y soñarlo cuando lo tienes lejos, pues es un barrio de muchos y de nadie, porque es un barrio que cuando lo visitas, solo pertenece a una persona. A ti.



jueves, 17 de noviembre de 2011

COLORES.



A veces, aparecen ahí donde antes no había nada. Donde antes era todo grisáceo, de tonos pardos, o color piedra, y de repente zas, todo cambia y nacen como si nadie los esperase, o tal vez por eso. Colores. Chillones, agradables, fuertes, a veces demasiado llamativos para el entorno, otras, conjugan a la perfección con el verbo en forma de estampa parisina que se expande ante nuestra mirada.

De repente la triste plaza de La Concordia, con sus coches y su obelisco, con sus viandantes y sus setos cortados tristemente iguales, simples cubos verdes mate, sin alma, sin fondo, solo con forma. Y de pronto, pasa un carricoche de pedales y te alegra la imagen, hasta parece que los simples setos toman un color más vivo, que las ramas se salen de su recinto marcado, y reluce vida.

Esos colores que no forman parte del paisaje oficial de la ciudad, pero que forman parte del colectivo oficioso, que se mueve, que nos movemos por estas plazas llenas de coches, de gente, pero vacías de almas.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

PULSO.



Allí donde todo nació un día, allí donde todo vive hoy, allí donde unos llaman Cité, otros centro, otros simplemente Notre Dame. Allí, donde casi se hacen tantas fotos como en toda la ciudad. Allí donde muchos aún buscan a Quasimodo. Allí donde otros aún buscamos a Esmeralda. Allí estaba él.

Mayor, pelo plata, elegancia y porte, mirada perdida, pero profunda, como la de los antiguos artistas de la capital del arte, que un día fue y que ahora añora en demasía, como muestra sus lienzos y oleos de la plaza de los pintores. Rodeados de restaurantes, de olor a crêpe y a vino caliente. A sueños rotos y a vida ajada por una mala jugada.

Hoy, o ayer quien sabe. Pintaba con tinta china, como pintan los que saben y dicen no saber. Bloc blanco y tinta negra. Pintaba preciosamente, como con una locura transparente que lo convertía en ese portador de musas que todos buscamos. Su pulso no era bueno, era un principio de parkinson. Un principio que algún día será el final de su obra. Pero que será el principio de su leyenda.

martes, 15 de noviembre de 2011

VERSALLES.



Tú, intrépido ser pegado a una guía con fotos, colores y banalidad. Tú turista de profesión y de profesionalidad descuidada a veces, otras rayando el vagabundeo de chancla de plástico y calcetín blanco. Creedor a pies juntillas de lo que unas páginas inertes te cuentan, tú, visitas Versalles.

Tú, que ves un palacio, enorme, crisalefantino, de arañas de cristal y metal fino, cristalográfico, con tapices de guerras que tal vez nunca existieron. Ventanales ingentes, de brillantes mate, que dan directamente a la calle, esa donde la gente no tenía ni pan para comer. Mientras el rey sol y la reina sombra de turno se atiborraban.

Tú, ves ese Versalles, pero hay más, otro Versalles, otro más bello, más atractivo, más de verdad, como todo lo que se esconde tras lo publicitado. Siempre vale la pena apartar lo que todo el mundo ve y nadie siente, para ver lo que todo el mundo siente y nadie ve. Esa es la grandeza de Versalles, y esta pequeña, pero sentida y poco vista construcción también lo es, aunque las pupilas y las cámaras fotográficas no lo quieran, o lo sepan apreciar.

lunes, 14 de noviembre de 2011

CONSERJERÍA.



Junto al río naces, y junto al río mueres, pero antes de que tu lo hagas, muchos murieron en tu interior, otros muchos salieron de tus frías paredes para morir cerca de tus muros de piedra, otros simplemente pasaron por allí, como se pasa por un purgatorio político, por un purgatorio social, simple y llanamente por no pensar como lo hacían los poderosos. De eso siempre hubo y siempre habrá.

Conserjería, antigua prisión de la ciudad, lugar de muerte y de tortura, miles de personas anónimas pasaron por aquí, decenas de presos conocidos. No solo Rovaillac, que le pico el billete al rey, ese que llaman Enrique el cuarto. Hasta la dulce como la hiel, Maria Antonieta disfrutó de la humedad de sus bóvedas góticas.

Cuatro torres majestuosas y meditadoras: Tour Bombec, del Cesar, de´l Horloge, y torre de´l Argent. Esa que además de poner de manifiesto las malas maneras de unos, y llamar la atención de otros por lo que allí dentro acontecía, también en 1370, recibía las miradas por otra razón. Pues tuvo en su seno el primer relój público de París.



domingo, 13 de noviembre de 2011

OLFATO.



Amanece cerca de casa, huele a curry y a verduras recién preparadas, huele a cuscus de bar de la esquina, huele a datiles recién desempaquetados, brillantes y dulces como tu sonrisa. Huele a tí. Huele a Argelia, a Líbano a Túnez, huele a St. Ouen y a Rue Faubourg Saint Antoine.

Huele a ojos grandes, vivos y cercanos, a cultura que parece lejana y que siempre fue cercana, tanto que nunca se fue del todo. Esa cultura tan apegada a mi tierra, y también a esta otra tierra, tierra de acogida caduca. No me imagino el pasado sin ella, y aún menos me imagino el futuro.

Huele a revelación trasnochada y a desengaño próximo. Huele a amor y odio, a antiguas vidas de hace tan poco, a nuevas vidas de hace tanto. Carne tibia, piel acaramelada, ojos negros, pelo azabache, blanca media luna sobre fondo escarlata. Huela a tí.



sábado, 12 de noviembre de 2011

TAN ALTA.



Como cada anochecer, como cada díanoche, como cada nochedía. Allí estabas tú, tan chula y tan guapa. Allí apareces, cuando giro cada esquina de la ciudad, cuando levanto la cabeza por encima de cada árbol. Te evito, te doy la espalda y raudo me escondo en el metro del Palacio Real o del Louvre, pero al salir. Tú, maldita, blanca dama, tú me estas esperando allí en la puerta. Tan alta.

Tan alta, y tan cercana, a días, tan lejana a otros. Media, llena, creciente o menguante, tan simple y tan complicada, tan bella y tan extraña. Algunos dicen que llegan a conocerte tanto que hasta te pisaron. Otros ni tan siquiera te miran, porque no te conocen, cuando tu sales ellos duermen y cuando ellos salen tú, bandida te escondes y te iluminas, como si fueras otra y en otra te transformaras.

Pero hoy es distinto, hoy te he visto y me he enfrentado, y te he visto allá tan alta, mirándome a mí, mirándonos a todos, como si ni siquiera quisieras mirarnos, como si no fuera tu obligación, sino tu forma de pasar el rato, tu cruel forma de hacer vernos tan insignificantes. Tú, tan alta.

viernes, 11 de noviembre de 2011

ARENA Y SUEÑOS.



Un día desperté, amanecí, más tarde de la cuenta o más pronto de lo debido. No lo se, ¿y quien lo sabe?. Nadie lo podrá saber, porque quien o quienes, son capaces de decidir lo que es bueno o malo, que es lo real o lo fantástico. Y al fin y al cabo todo es así, como se ve, o como se cree ver. Esa es la verdad, lo demás son piruetas, parábolas y trapecios colectivos, mentales y sensuales a la par.

Ese día desperté y allí estaba ella, la calzada llena de arena como si fuera el Sahara, sin coches, pero con bañistas, allí también estaban ellos. Ellos, no fueron colocados, pero llegaron, llegaron con aquellos que se apresuraban azarosos a la arena. Esa arena con fecha de caducidad, pues en la ciudad de las luces, todo tiene fecha de caducidad, los sentimientos, las lluvias y hasta la playa.

Por eso, otro día me desperté temprano, o tarde no lo se. Y ella, había desaparecido por completo, habían vuelto los coches y se habían ido los bañistas, y con ellos sus sueños de verano, que olían a caducos y prosaicos.



jueves, 10 de noviembre de 2011

CÁBALAS Y CICATRICES.



La civilización francesa, esa larga y gruesa historia, esa fuerte y tensa armada que dominó el mundo, con un pequeño y rellenito emperador, esa, que se pasea por las cumbres europeas con otro pequeñito neoemperador, de sonrisa risueña y nariz gongorina.

Esa civilización que ahora da clases en una facultad, más famosa que eficaz, y que dice a sus polluelos, solo lo bueno de su historia, solo lo bueno de sus emperadores, de sus reyes sol y de sus reinas sombras. Que trata a los vecinos invadidos, como pueriles monjitas de rosario diario, o como colegialas quinceañeras que se sonrojan ante una barba.

Esas cábalas que los del país invadido, hacemos ahora en el país invasor, mientras nos miramos las cicatrices del pasado y del presente, y simplemente no nos cuadran sus hachazos en nuestras heridas. Simplemente por eso, porque sus hachazos, son más falsos que su honor y su armada, y nuestras heridas llevan más de doscientos años siendo verdaderas y sangrando.

http://animodecotademalla.blogspot.com/2011/11/cabalas-y-cicatrices.html


miércoles, 9 de noviembre de 2011

PENSADORES.



Que pasará por tu bronceada cabeza a diario, allá en lo alto, desnudo de ropa y timidez. Pensando veinticuatro de veinticuatro, ayudando a los que lo hacen cero al cuadrado. Ayuda necesaria, según pintan los bastos en el viejo continente, más necesario son más pensadores y menos cabezas pesadas de metal forjado.

El sentido funesto de la funesta revolución moderna, con dinero y sin neurona, no física, no psíquica, ni personal, ni intransferible. En fin hoy, y mañana.... posiblemente.

La tranquilidad, y la realidad, la fantasía de las uniones psicomotrices de tu ego y tu puño en la cara, mirando sin ver, porque no te hace falta. La mejor mirada se hace con los ojos cerrados y los sentimientos abiertos. Nada más real, que tu cuerpo frío sobre un pedestal pétreo. Bajo el sol del invierno y el agua del estío parisino.

Mil años, o más, o menos, pasaran. La ciudad desaparecerá, llegarán nuevos invasores que en su día fueron invadidos, y como cíclico lo es todo, volverán a ser invadidos por otros. Y mientras tanto tú, no nos abandonaras. Lo sé, tú seguirás allá arriba tranquilo, pensando por todos aquellos que nunca lo hacen, ni lo harán.



martes, 8 de noviembre de 2011

SUEÑO DE UNA NOCHE.



No recuerdo muy bien su empeño en hacerme ver almidón en el cielo de la ciudad. Hace mucho que intentó convencerme, cierto es, pero no lo es menos, que yo, no me resistí por su condición de genio mundial.

Muy anglo para mi latinidad y muy sajón para mi condición de ibérico, pero en fin, un sabotaje genial. Shakespeare une Francia e Inglaterra, París y Londres antes que el Eurostar.

Sueños de una noche de verano, de una noche de ilusión, de dimes y diretes, noche más toledana que londinense, más de estrellas que de nubes empedradas, que no auguran más que lluvia y vendaval, noches de bohemia e ilusión. Por eso yo, me quedo con Luces de Bohemia, de otro genio, que es menos de té y más de churros.

lunes, 7 de noviembre de 2011

NOSTALGIA.




Tener en cuenta que lo que un día se tuvo por diamante idealizado, puede haberse transformado en carbón de la memoria, que es lo que queda a veces bajo la nostalgia. Reír sin carcajadas, mientras lloras sin lagrimas, o gritas sin forzar las cuerdas vocales. Sufrir sin sufrir y amar sin amar, que tan de moda están hoy.

Parques sin niños, y con lagos oscuros, rocas blandas y susurros duros. Eso es lo que te encuentras las jornadas de nostalgia, de nostalgia terrenal o suburbana, que es menos oficial, pero igual de oficiosa.

En fin, llega el otoño a la ciudad de la luz, y con las hojas buscando el suelo, como los suspiros buscan el alma, comenzamos a internarnos en un duro invierno de gozos y sombras, más de sombras y de escalofríos, que de gozos y caricias. Un invierno nostálgico del verano, que a su vez echa echar de menos la primavera.


domingo, 6 de noviembre de 2011

CHIMENEAS.



Desde Belleville a Place d´Italie, desde Montmartre a Montparnase, se alzan en todos los áticos y tejados, como viejas estatuas de sal. Dulces apariciones de terracota cocida, que en sus principios evacuáron los humos de ese fuego reparador, que junto a las copas de absenta, sirvió para calentar tantas y tantas vidas, tantas y tantas casas.

Hoy, llevadas a la insensatez de su entusiasmo, están prohibidas, cerradas por las autoridades, no se puede hacer fuego dentro de las casas parisinas, no se pueden usar las chimeneas. Solo se pueden observar, para eso existen hoy, para ser observadas por turistas y foráneos, para hacer pensar a quien las contempla, como fue ese otro París. Lugar este, donde todo era más fácil y más romántico.

Como tantas cosas en la ciudad del Sena, están solo para ser contempladas, como el antiguo edificio de la Samaritaine, que aún hoy, vacío de contenido y alma se sigue iluminado a diario, o mejor dicho a nocheairio, para ser tan solo eso, contemplado.



sábado, 5 de noviembre de 2011

TÚ, TAN SOLA.



Tú, que siempre estas tan acompañada, tan rodeada de gente, pero que en el fondo estas tan sola, tan ignorada, pues el bullicio solo busca eso, bullicio, fotografiar tu cara, tu mirada y sobretodo tu sonrisa, eso si que lo buscan, tu sonrisa como si les fuese la vida en ello, como si solo por guardarte en su carrete o en su memoria flash, fueran a comprender tu secreto.

De todas maneras eres un poco egoísta, todos se pegan por ponerse lo más cerca de tu cara, hasta seis personas de seguridad tienes, para que no estropeen tus encantos. Y frente a ti, tan solo a unos metros, tras la turba que saca fotos a tientas y sin enfocar, se abre la gran puerta de la cultura oriental y occidental, que tú, sofocas con tu sonrisa.

Malévola, te ríes de eso, ese es tu encanto, no te ríes por lo que Leonardo bien sabía, te ríes de lo que tienes frente a tus pupilas. Te ríes de los turistas que miran sin ver, y que oyen sin escuchar, te ríes, porque sabes que no te entienden, ni te entenderán jamás, tan solo, porque no quieren hacerlo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

SENTIDO.



Cuentan muchos, que es la más fotografiada y admirada, la que más turistas miran con la boca abierta y la lorza al aire. No lo dudo, o por lo menos no lo digo a los cuatro vientos, pero sin duda es la ferralla más contemplada de todo el globo.

Allí nos plantamos, cara a cara, llegamos paseando entre las embajadas, dejando a un lado el colectivo y el metropolitano. Allí sol, ojos negros, Trocadero atestado y sonrisa gaucha.

La fuente aparecía apagada, como de costumbre o como siempre ya no sabría contarlo, junto a las escaleras de piedra, esas donde se compran colores con forma de torre, de los de a siete por cinco y regateo vacuo.

Olía a cambio y a profecía, parecía La Boca. Olía a ciudad mundana con toque de inmortalidad, que luchaba por ser ciudad inmortal, soñada por el soñador mundano, que sueña despierto.

En fin, sonrisas estivales de finales de octubre, ciudades nuevas y ajadas, unidas por el año 1889. Al girar(nos), pensé, pensamos en cierta manera todos, los que fotografiaban el momento con cámara y los que lo hacíamos con pupilas y neuronas. “París”, “hoy”, “Maga”.

jueves, 3 de noviembre de 2011

LIBÉ.



Libé, es su apodo familiar, el que los franceses dan al diario Libération. Fundado por un grande en 1973, nada menos que le filosofo francés Jean-Paul Sartre y casi hundido en la miseria por dos individuos a los que es mejor no mencionar.

Siempre de izquierdas, pero nunca afiliado a ningunas siglas, ni partido, ha luchado por lo social y la cultura. Hoy mismo, tras el ataque de unos salvajes, que hicieron arder la sede del semanal satírico Charlie Hebdo, por criticar a los integristas tunecinos. Esta casa, les ha abierto sus puertas y los ha acogido, dedicándoles la portada del día. Y en los tiempos que corren, esto es de agradecer.

Pues este periódico, cuyas bases se asentaron en la clandestinidad de la segunda guerra mundial, comenzó a trabajar al abrigo del mayo del 68, como una cooperativa, cada puesto de trabajo tenía el mismo sueldo, fuera director, redactor o maquinista de linotipia. Lo que no deja de ser increíble, para una sociedad que comenzaba a inmiscuirse en el capitalismo. Funcionó perfectamente, sin publicidad, y sin dinero externo, hasta que Sartre lo abandonó en el 74 y unos golfos apandadores anidaron en él, llevándolo incluso a la desaparición durante 3 meses del año 1980.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

DE SAINT JACQUES A COMPOSTELA.





Curiosa es la adaptación de una cultura o de una religión, nadie como Constantino lo demostró con el cristianismo que hoy conocemos. Y curiosa es también las distintas acepciones y entrelazos, que se juntan a través de esta nueva religión constantiniana, a lo largo de distintos caminos.

Uno de estos caminos, empieza en el corazón de la antigua Lutecia y acaba en el corazón de la antigua Finis Terrae, allí donde las luces de peregrino francés o belga nacen, para morir figurativamente en el campus estelae. Allí donde un día se pensó, acababa el mundo, allí donde hoy se conoce por algo menos romántico, allí donde mueren más marineros. Allá, en la Costa da Morte.

Siempre pensé, que las relaciones más largas, suelen ser las más sencillas. Esta es una de ellas, pues la famosa torre de Saint Jacques, no es más que el punto de partida de peregrinos a Santiago de Compostela, datos que muchos desconocen, incluso los parisinos lo ignoran. De hecho su nombre es el mismo que el del destino. Y por ello, en Francia, las famosas vieiras del santo, se conocen simplemente como Saint Jacques-Santiago-.

martes, 1 de noviembre de 2011

LAS MIL CIUDADES.


Esto es París, me dije. Esto tan solo, y tanto a la vez. Esta es la ciudad del amor, para muchos, la de la razón para otros tantos. Y la ciudad más turística del mundo, para los que vivimos aquí, y los capeamos como buenamente podemos.

La ciudad de la búsqueda, sin duda, de los libros de viejo, y de las librerías que huelen a ancianidad, cruce de culturas y de caminos. Antigua Lutecia, nueva París, todo y nada. Distintas vidas, héroes, traidores y jóvenes ancianos, a la luz de las velas y el sabor aséptico del absenta.

La ciudad de las mil vidas, la ciudad de las mil ciudades. La de Zola, la de Hugo, la de los Dumas, la de Richelieu y los mosqueteros, o la del malévolo y poderoso Mazarino. Una y todas, todas y una. Donde puedes buscar un buen cuadro, una buena foto o una Maga, que cambie tu vida para siempre, como hizo Oliveira de la mano de Cortázar, mientras jugaba a la Rayuela. En fin, es París y bien vale una misa. Cronopio, cronopio.

http://animodecotademalla.blogspot.com/2011/11/memorias-de-un-neoafrancesado.html