domingo, 15 de abril de 2012

PARÍS-AUSTERLITZ.



 Una de cinco, cinco gare, o estaciones. Tal vez algo más, para muchas de las personas que llegan a ella, con la idea, con el sueño de conocer la antigua Lutecia, el nuevo París, la ciudad del amor, de la luz, de la torre de ferralla. Entran en ella desde algún lugar lejano, desde el sur de Francia, desde España, muchos de ellos. Puerta de entrada de París para los turistas de la Península Ibérica.

Se levanta a un lado del río Sena, cerca de donde París deja de ser París, para convertirse en un avispero de edificios de modernas oficinas, y más allá, humo de fabricas, lejos de donde las manadas de turistas son pastoreados por algún guía, o simplemente campan a sus anchas, allí solo se ven los turistas llegados de repente, o los que se van en breve.

Una de las olvidadas, no como la del Norte o la del Este, más fea que la de Lyon, menos céntrica que la de San Lázaro, y menos moderna que la de Montparnase, la hermana fea y pobre, pero no por ello menos útil. Sus dos murales, te dan la bienvenida y te despiden depende, siempre depende.

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