domingo, 8 de abril de 2012

LE CANAILLOU.



Cierra los domingos, como se hacía antes, incluso en algunas cafeterías, él sigue haciéndolo, abierto hasta las tantas cada día, sobre todo los sábados, siempre lleno, por algo es, bebida barata, en la ciudad de la bebida prohibitiva, cerveza casi a precio de costo, por lo menos en lo que a París se refiere.

Bar de barrio, de gente conocida, a la que la dueña conoce, saluda como si fueran de la familia, conociendo sus gustos y sus gastos, su lugar de residencia y en nuestro caso, nuestra nacionalidad, y nuestras preferencias.

Un café como los de siempre en París, que no llegó a ser lo que se buscaba, o que si lo consiguió, nunca se sabe, lo cierto, es bastante agradable sentarse en una de sus viejas mesas y sillas de madera, y tomarse algo mientras se habla de cosas serias o banalidades, aunque a veces la música resulte demasiado alta para la charla.

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