jueves, 19 de abril de 2012

LUCES Y SOMBRAS.




Pasear por el centro de París a veces tiene estas cosas, lo que normalmente está lleno de turistas, de cámaras y de flases, a ciertas horas queda libre de polvo y paja, libre para los que decidimos pasear a deshoras, o en el mejor momento.

Es curioso, ver los grandes monumentos de la ciudad casi a oscuras, como los verían los habitantes de la ciudad, de los barrios cuando se crearon, es mucho más curioso, mucho más interesante tal vez.

Esto ocurre con las gárgolas, las cabezas sonrientes, o con cara inconcreta, las esculturas de la catedral de Nuestra Señora. A veces, como es el caso, se queda una luz encendida, no se si es fruto de la mala memoria, o simplemente es mero gusto, pero lo cierto, es que ver de repente una pequeña luz, enfocando a esa figura siniestra, mientras el resto de la gran construcción se sumerge en la sombra, crea una sensación difícil de explicar.


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