domingo, 19 de febrero de 2012

MODERNISMO.



Una época encantadora en cuanto a la creación artística, en cuanto a la intelectualidad, en cuanto a la vista más allá de los que tenemos delante de nuestras narices y al diseño. Pre siglo bélico. Nació con él el diseño catalán, el trencadis, generaciones de literatos, artistas inmortales, con obras descomunales, inacabadas, unidas a la naturaleza y la majestuosidad de una u otra ciudad. También, como no, en París.

Muchas veces es tan utilizado, tan manido, tan ajado, que pasamos a su lado, pasamos por debajo, o lo tocamos, lo fotografiamos sin darnos cuenta, lo usamos en nuestra vida diaria sin percatarnos que esta allí, hasta que nos lo dicen o lo perdemos. En eso la vida es parecida para muchas cosas, dura para tantas otras.

Las entradas de muchas de las bocas del metro de París, son de ese estilo conocido, a veces desmerecido por algunos políticos chabacanos y paniaguados, una obra maravillosa, usada para el servicio de la población, como las farolas de la plaza del Rey en Barcelona, que se hermanan con las entradas del metropolitano de Lutecia, mediante arte y utilidad.

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