miércoles, 29 de febrero de 2012

CUALQUIER SITIO ES VALIDO.




Es así, tal cual lo digo, tal cual lo pienso en el momento que emborrono un papel con las primeras lineas, y sigue siéndolo así, de real, de duro, cuando horas después aporreo las mismas lineas en un teclado de ordenador. Cualquier lugar es valido, y eso hace, que los que antes no eran tan normales, tan validos, pierdan el honor y el valor de lo especial.

Son pequeños quioscos, unos con licencia y otros sin ella, pero que se esparcen por toda la ciudad, por todos los rincones, los parques y los puentes. Son tantos y tan dispares, que parece que algún arquitecto loco, los diseño a la vez que diseñaba los edificios que se levantan a lo largo de las calles, avenidas y bulevares.

Es así, cuantos más lugares validos hay para explotarlos privadamente, menos sitios públicos hay para soñar, para amar y para recordar. Pero es época de recortar lo público, y de esta forma conseguir que solo tengan a derecho a soñar, reír, amar y recordar, los que tienen dinero para hacerlo de forma privada. Eso sí, para ellos cualquier sitio seguirá siendo valido.

martes, 28 de febrero de 2012

CARROUSEL.



Carrusel de magia, es un lugar que tal vez algún día lo fue, hoy lo parece, pero en cuanto pasas allí más minutos de la cuenta, ves que la magia se evapora, como si el calor derritiera el carrusel de la Torre Eiffel, la misma torre, y el río Sena. Cruzando el puente que separa el carrusel del Trocadero, la sensación se incrementa.

Es así, porque eres demasiado observador, o demasiado negativo, tal vez, porque solo ves la parte mala de la vida, tal vez dejaste de ser un niño para siempre, pero están allí. Mientras los niños solo ven colores, risas, carrusel de caballitos novecentístas, torres mágicas de otras vidas-están en su derecho, son niños redios-. Justo a su vez los adultos sienten lo contrario.

Están en su derecho, por ello son adultos, por ello llevan la mili a cuestas, por ello, lo que un día fue un sitio mágico, rodeado de obras de ingeniería, de primeras veces, es hoy más de lo mismo, y menos de lo que vendrá. En momentos así, en lugares en los que la morriña me ataca sin previo aviso ni remisión, siento que echo de menos echar de menos París.


lunes, 27 de febrero de 2012

SERA L´AMOUR.



No se si será el amor, o que es lo que llevará a esta persona, que tampoco se si es hombre o mujer, si es joven o anciano, a colocar una rosa roja fresca, cada día del año de este llamador dorado, sobre la puerta de madera, no conozco la historia ya les digo, pero me gusta imaginármela.

Paso por delante de ella, casi a diario, cada mañana o cada tarde, la rosa permanece allí inmutable a la estación, o a la temperatura. Me gustaría sentarme allí un día, las horas que fueran necesarias, para poder a la persona que la coloca cada día.

Aún, no le hecho, tal vez nunca lo haga, o tal vez mañana compre un café caliente y me siente allí a esperar, y mientras espero la llegada del fantasmagórico y mágico momento, de la llegada de la flor, seguiré imaginando una historia cada vez, una distinta al día.


CAFÉ DE LA PAIX.





Como el café de la Ópera, o el café del artista, el de Cluny, el Gijón, o el del Nuncio, el del Greco, el Lisboa, la Brasileira, el del Carmo. Como tantos en otras tantas ciudades, lugares para el sosiego y la charla. En días pasados como el Colón, eran lugar de cita de artistas importantes que pasaban por los teatros cercanos, hoy son nido de curiosos y turistas.

El café de La Paix, pertenece a esta categoría, un día fue café de lujo, solo para los clientes del hotel que se encuentra encima, lo mejor de lo mejor, la cream, de la cream, junto a la Ópera Garnier, en una de las calles más importantes del céntrico y viejo París.

Hoy como todos estos cafés, por lo menos la mayoría, han dejado de albergar tertulias literarias de horas, o han dejado de ver en sus espejos reflejados los rostros de las divas más guapas del cine, del teatro o de la ópera. En fin los tiempos han cambiado y como todo, los cafés también.


sábado, 25 de febrero de 2012

MÚSICA.




Música, danza, ballet, musicales, todas estas formas, todos estos sentidos cerca del oído, incluso del gusto. Es la escalinata de la Ópera Garnier, es la academia nacional de música, pero hoy no hay ópera, no hay trajes largos, ni de coctail, ni pajaritas.

Hoy un grupo de chicos, se ganan la vida como buenamente pueden, en el centro de la gran ciudad, para pagarse los estudios, para viajar o para lo que les salga del trombón y del bombo, una actividad tan buena como otra cualquiera.

Además, a la gente que allí se concentraba no parecía molestarle, todo lo contrario, todos allí gustaban de lo que veían, de lo que oían. Algunos, incluso compraban alguno de los discos que dos chicas rubias, bien parecidas, intentaban colocar a los allí presentes. En fin, un gusto para los paseantes de la zona de Lafayette.

OTRAS CIUDADES.



Podría ser una fuente de cualquier otra ciudad europea, de cualquiera de ellas, sobre todo de muchas italianas, austriacas o de ciertas ciudades alemanas, podría serlo, sino fuera porque el escudo de la casa real francesa, muestra donde nos encontramos.

Es curioso, a veces intrigante, como ciertas zonas, ciertos rincones de muchas ciudades, recuerdan o te trasladan a otras ciudades vivadas en otras épocas, paseadas casi en otras vidas. Esta fuente de Ludovico XVI, lo es como otros muchos detalles, que me llevaban a Italia, a Florencia o a Siena por ejemplo.

Otras pequeñas calles, escalonadas, adoquinadas, me llevan a mi vieja amiga Lisboa, otros detalles a España, y a veces ciertas tiendas, centros comerciales y comentarios dentro de ciertas fiestas, a los Estados Unidos, las cúpulas de la iglesia cercana, a paises eslavos, o incluso más allá.


http://animodecotademalla.blogspot.com/2011/09/ciudades-de-otro-tiempo.html

miércoles, 22 de febrero de 2012

FOLIES PIGALLE.



Otro de los tantos folies que perlaban la antigua ciudad de París, la antigua ciudad de los burdeles, los cafés, las braserías y los cabarets. En la misma calle del Molino Rojo, en misma calle que hoy se llena de cafés de turistas, trufada de tiendas, alicatadas de torres eiffeles y arcos del triunfo, de tiendas de coge el bocadillo y corre y de sex-shops, de todos los tipos y para todos los gustos.

Hoy como tantos, o como todos estos folies, como todos los cabarets, salvo los pequeños, los que se levantan en pequeñas calles cerca de la avenida, del boulevard principal, son ahora discotecas, algunas de cierto lujo cool, aunque bastante venidas a menos, donde los porteros no son lo único que hacen que parezca y sea un antro.

Nada que ver con el París del siglo XIX, del siglo XX, de los pintores cojitrancos, o de los que se cortaron la oreja, nada de los espectáculos que hacían enrojecer a las damiselas de la época y caer la baba a los hombres de la época, nada de can-canes, nada de circo, ni de trapecistas, nada de ajenjo, o absenta. Solo pos-modernidad, cutre y casposa pos-modernidad.