domingo, 15 de enero de 2012

GALERÍAS.



Como el decorado del mosaico del suelo, claros oscuros y oscuros claros, romboidales, cuadrangulares, pisados y relucientes, observadores y observados en silencio, siempre en silencio, como los buenos, valen más por lo que callan y saben, que por lo que ven y cuentan. Escondidos y risueños, estos suelos, estas galerías, tan cerca del centro de la ciudad, que son el centro mismo.

Tan metidas en la ciudad, que la ciudad casi las ignora por no saber dar con ellas, tan metidas en el turismo están, que muchos turistas pasan por su puerta si tan siquiera percatarse de su existencia, porque callan, porque nadie las anuncia a bombo y voz en grito, porque valen más en silencio que en griterío.

Son tres, de libros, dulces, y cafés, cuadros y diseños únicos, caros, tan caros como únicos, tan únicos como caros, pasear por allí es un placer, un placer que solo consiguen disfrutar los que miran en silencio, los que hablan mirando.

sábado, 14 de enero de 2012

TENTEMPIÉ.


No sabría explicar desde cuando están allí, ni siquiera yo lo se, de repente un día aparecieron a un lado de la plaza, como si nada, y ahora ya son uno más del decorado de la ciudad, un decorado que aunque no sea así, parece que recogen cada noche, montándolo cada día para los turistas y los foráneos, que vemos boquiabiertos como cambian las calles en unas horas.

Es fácil, más que ello caer en sus garras de dulce o salado, de churros franceses, que no son tan distintos de los españoles, pero si mucho de los de otros ciudades, como los fríos y con canela del barrio italiano de Nueva York.

Colores estrámboticos, chillones y colores dulces, como el del algodón, aquí denominado sarcásticamente Barba de Papa, buñuelos de aire cargados con los sueños de la infancia, de los niños que los disfrutan en silencio, y que ven como esta, se pasa de la mano de sus padres y abuelos, sabiendo como se yo, que dentro de unos años pasaran por allí, y lo recordarán con cariño y con olvido.



viernes, 13 de enero de 2012

DESCONSUELO.



Como si fuera un sentimiento constante, a intervalos, dependiendo de las nubes, del sol, y de las sonrisas constantes o a intervalos de las calles y de los cafés. Todo depende y se basa y desfasa con las sonrisas y con los cafés, esa es la ciudad que conoces cuando pasas aquí más de lo preciso, menos de lo lógico.

Como la estatua verde del tiempo, como la cúpula dorada de oro, como las cámaras reflectántes de cristal, y los charcos donde retumba el cielo entero al contacto con una hoja seca. Y el estruendo lejano de la calle, donde los coches y sus pilotos luchan por arrancar los primeros al cambio del semáforo, como si hubiera un premio, como si hubíera un podio perenne en los Campos Eliseos.

Desconsuelo de días claros y cabezas oscuras y nubladas, de días nublados y ojos brillantes como el sol del desierto, como el sol mesetário, como la luz de la mirada de la niña que juega en el parque de las Tulleiries con los antiguos barcos de madera.


jueves, 12 de enero de 2012

HÔTEL DE VILLE.



Más ayuntamiento que hotel, más multiusos que ayuntamiento, por lo menos en el exterior, plaza de todos y de nadie, pues a pesar de estar siempre llena, pocas veces puedes pisar sus adoquines, quien sabe si por miedo a que la juventud y los estudiantes, se atrevan de nuevo a buscar bajo ellos la arena de la playa, tan prometida y tan olvidada, bajo las tiendas de lujo y las promesas vacuas de los tiempos corrientes, de crisis más espirituales que financieras.

Centro de la Villa, centro de Isla, centro de los pensamientos de las guías de viajeros, centro de la centralita de banderas los días de fiesta, y de los ricachones y sus fajos de billetes, nuevos de euros, viejos de francos franceses, por muy redundante que suene.

Plaga de plaza, o plaza plagada, poco da o lo mismo igual, postales de postales, imagen de una ciudad de fantasía a veces, de mentira otras. Existe tras él, a su lado o a su espalda otra ciudad, la de verdad, la de sentido y cabezonería, lejos de las pistas de patinaje, de tenis, o de los escenarios de conciertos, que durante todo el año se encargan de esconder, por el bien del turismo aquel otro París, el que todos debemos, pero no muchos conocemos.

miércoles, 11 de enero de 2012

ENREDADOS.



Como si no hubiera escapatoria, o tal vez por eso mismo, porque no la hay, como si nadie la mirara cuando pasa bajo ella, como si nadie contemplara impávida, perspicaz como sube por la pared, como trepa deslizante, como si nadie se diera cuenta del paso del tiempo, de las horas y de los días, del paso de frio al calor, del invierno al verano, mientras el otoño humedo imagina y echa de menos una primavera colorida de flores vivas y pupilas claras.

Como si nadie se enredara como tú, como si nadie más tuviera ese derecho, solo tú, solo en tú caso, solo en tú vida. Nadie te compara con nada ni con ídem, nadie, solo te contemplan cada día, en cada momento, cada vez que pasan por la estrecha calle del barrio judío, cada vez que entran por la zona de los restaurantes, por el mercado de abastos, por la expendiduría de sonrisa facil y conversación empalagosa.

Tú permaneces allí, maldita, como si el cuento no fuera contigo, como si las pupilas clavadas en tu red corporal vegetativa, como las ideas que pululan a tu alrededor, no te dañaran. Como si no te influenciaran y no te hicieran sentir más bella, como haciéndonos ver, que no eres tú la única que esta enredada.

martes, 10 de enero de 2012

ABANDONO.



Lo avisé, con fuerza y ahínco, solo comparable al que un anciano encorvado para ver su tumba, anuncia y avisa a sus familiares para afrontar lo que les toca, y en esta os veréis más pronto que tarde. Y aquí están alfombrando de nuevo las aceras, esos abetos, que tan solo hace unas semanas alfombraban las tiendas, los bistros y las braserias, que paseaban por las calles de la ciudad de la luz, en las manos de sus felices dueños y que ahora pasean por esas mismas calles de otra forma mucho más peregrina.

Ahora nadie los quiere, nadie los valora en si, nadie quiere poner regalos bajo sus ramas en enero, mucho menos en febrero. Nadie se acuerda de ellos, los abandonan en medio de las rúas, junto a los contenedores verdes, en las esquinas más incógnitas, en las más vejatorias situaciones.

Nadie recuerda hoy, las risas bajo su sombra, la ilusión de sus hijos junto a ellos al abrir los regalos, las pataletas de algunos por no encontrar lo que ansiaban en su interior. Nadie ve en ellos ya, los reflejos de los momentos, buenos y malos, los reencuentros familiares y las disputas que también familiares son. Ahora los abandonan a su libre albedrío, como abandonarían también a cualquiera que dejara de hacerles la labor que necesitan. Desagradecidos.

domingo, 8 de enero de 2012

BASTILLA.



Lo prometido es deuda, y lo que no se paga se adeuda, y de honor es dar lo que se promete, el nuevo año devuelve los huesos, de tantos y tantos extranjeros neo afrancesados, a las calles de Lutecia, al cielo de París y a la humedad del Sena, o de la Sena, como la nombran los impronunciables, casi divinos y, también casi castos labios de las jóvenes parisinas.

La primera vista, el primer ojeo, la primera brisa fría, es la de la Bastilla, plaza hoy, prisión ayer, atisbo de inculturas mañana, como todas la plazas, como todas la ciudades. Monolito columnario y rematado en oro figurado, con ópera al fondo, ópera más nueva y más ignorada, que la otra, la ópera Garnier, la ópera de los turistas y de los ricos.

Barrio, mio y nuestro, vuestro si se da la chanza y la oportunidad, mi casa, o lo que se supone que es, es mi zona de París, y como tal es mi parte de terreno, donde me muevo, donde hablo y tomo café, donde tengo a mis amigos y mis enemigos, donde encontré mi verdadero París.